Estaba hablando con mis amigos en el palacio durante el miercoles santo cuando Nancy se acercó y me cogió. "Ven, ven," me dijo y me llevó a Maritheresa. "Ella va a dar las flores a la virgen!" le dijo. "Qué suerte!" dijo Maritheresa y yo, "Qué?"
"Ángel te lo va a explicar todo." Nancy me llevó a Ángel, metido en un grupo de personas en la puerta del palacio para ver bien el paso de la virgen. "Ella va a dar las flores a la virgen!" repetió Nancy, y Ángel me tomó de la mano y me dijo en voz muy solemne, "Qué honor." Otro hombre me preguntó de dónde era. Cuando le dije "Indiana" exclamó, "Eres como la Miss Indiana! Cuando vuelvas a Indiana y les digas a tus amigos que has dado un ramo a la virgen, van a estar impresionadísimos." No le dije que nadie en Indiana entendería lo que es una salida de una virgen.
Luego me enseñaron un gran ramo de flores blancos. Cuando llegara la virgen, iba a parar para que una mujer le cantara y yo le diera las flores. Pero estaba un poco confundida ¿A quién las iba a dar exactamente?
Cuando llegó el momento, los costaleros pararon y bajaron la virgen. Mientras una mujer cantaba una saeta, salí con mi ramo y se lo dí a un hombre que lo puso en el suelo del paso. Estuve allí, cara a cara con los nazarenos. Un hombre aprovechó la parada para encender unas velas en el paso, y un costalero cambío por otro. Todo occurió muy rápido, y antes de poder pensar, subieron la virgen y siguieron en su camino.
Ángel me pregunto, "¿Qué tal la experiencia?" y Olga me dijo, "Nunca he dado las flores a la virgen. Tienes mucha suerte!"
Y ahora me siento que, de todas las vírgenes bonitas de la semana santa en Sevilla, la virgen de la candelaria es la mía.
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Muy bonito tu texto Kirsten. Espero que estemos en contacto de ahora en adelante. Ha sido un placer tenerte en la clase con todo tu entusiasmo y todo tu talento.
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